Nacional-Villa Española: Un minuto de locos

El pasado domingo, Nacional y Villa Española se aprestaban a disputar su partido correspondiente a la segunda fecha del Torneo Apertura 2008 del fútbol uruguayo en el Parque Central, casa de los tricolores. Cerca de 20 mil personas habían abarrotado (como es costumbre) el escenario del equipo local que, si obtenía un triunfo, le sacaría, en dos fechas jugadas, 5 unidades de ventaja a su eterno enemigo: el Club Atlético Peñarol, equipo que no ha logrado ser campeón desde el año 2003.
Estaba todo pronto. O casi, porque el partido nunca se llegó a jugar…
Siendo las 15:30, el árbitro del cotejo, el señor Líber Prudente (apellido que se presta para el chiste fácil), al constatar que el equipo de Nacional aún no había salido al campo, decidió regresar a los vestuarios y suspender la contienda. ¿Cómo?
Así como lo lees.
Si bien se había hecho mucho hincapié para este Campeonato, por parte del Colegio de Árbitros, en que los equipos deberían estar listos para comenzar los partidos a las 15:30 en punto, siendo pasibles de sanciones en caso contrario, lo de este colegiado suena, como mínimo, a exageración.
Nacional ingresó un minuto después de la partida del árbitro (15:31) y los jugadores se encontraron con un extraño panorama: estaba todo su público, el equipo rival, pero no estaba el encargado de dirigir las acciones. Tras muchos cabildeos, Prudente ratificó su decisión y suspendió el cotejo.
Todo esto generó una ola de violencia, para nada justificable, por parte de los simpatizantes de Nacional que se la tomaron con los periodistas. De hecho, Alberto Kesman, el relator más popular del Uruguay, fue golpeado con una piedra que le abrió la cabeza dejándole una herida de cinco puntos. Debió ser trasladado a un centro asistencial para que se le cure la herida. Otros colegas suyos también fueron agredidos. Esto por un lado. Algo total y absolutamente censurable.
Después, lo otro. La actitud de Prudente. Si nos ceñimos por el reglamento, el juez estuvo perfecto y no hay nada que reprocharle. Cumplió al pie de la letra con sus obligaciones. Pero, a nuestro juicio, exageró y le faltó sentido común. Con un campo repleto sediento de fútbol, suspendió el encuentro y, directa o indirectamente, propició el censurable clima de violencia que se vivió después. Está bien, cumplió con la letra fría del reglameto, pero le faltó lo otro: flexibilidad. Un poco de carpeta.
Nunca en Uruguay se había hecho tanto escándalo por 1 minuto de retraso (está bien, quizás unos 5 o 6, como para poder comenzar en hora el juego).
Además, justamente, el fútbol uruguayo no se caracteriza por ser tan exigente con equipos que, reglamentariamente y sea por las condiciones que fueran (deudas, clubes sin campos de juego), no pueden comenzar a disputar los distintos torneos.
Como sea, Villa Española fue el ganador de los puntos ante la ausencia de Nacional. Se cumplió el reglamento como pocas veces, pero se descartó la tolerancia y el sentido común.
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